domingo, 9 de junio de 2013
martes, 4 de junio de 2013
Lit urgías.
Cantaban todos y yo no cantaba. Una voz no amiga, que nunca me había dirigido la palabra, se fijó en que yo no seguía el asunto. Se acerco de la nada, y tras la pregunta para entrar en confianza: "¿usted es atea?" me contó de su desagrado por el tema. Lo superaba. Maldecía el que lo obligaran e impusieran un relato viciado. Comprendía, pero no podía (ante mi condición) responder más que la frase cliché "aguanta, quedan 5 minutos".
Igual fue incómodo.
"No aceptamos las religiones que sirven para adormecer los anhelos subversivos de las masas y encadenar el espíritu humano, ayudando así de un modo efectivo a la reacción burguesa en su labor de aplastamiento del hombre" --->Huidobrostyle.
domingo, 26 de mayo de 2013
La fórmula mágica
¿Estás aburrid@ de pensar en los requerimientos previos para la sensación más abrumadora que puedes sentir en tu vida? Estás cansado de pensar en tener que malgastar tus energía en ocupar las manos para llegar un clímax que a veces no buscas solo por esa flojera? No esperes más y consigue tu orgasmo sin trabajo. El orgasmo sin trabajo no exige previas, no pide imaginación, solo apretar un botón (no carnal), con el que disfrutarás del mayor de los placeres de manera completamente efectiva. Olvídate de los malos ratos y la impotencia, olvídate de pagar por alguien que te la chupe sin ganas. Olvídate de ser rechazado por un montón de pendejas. Olvídate de todas esas mierdas y consigue tu preciado orgasmo sin problemas.
martes, 21 de mayo de 2013
La COSA
No creo que exista palabra más discriminada en el mundo académico que el grave "cosa". No podría contar la cantidad de correcciones que han sufrido mis trabajos a causa del uso de esta honorable. El rojo, maldito que aparenta inocencia, pasa por encima del vocablo con desagrado, y lo asesina sin piedad. Pero no es solo el rojo, no. La maldita desgracia recae incluso en su significado, que peca de ambiguo y contradictorio, porque si bien por un lado es un hecho, cualidad, idea u objeto sobre el que se puede pensar o hablar, también es un objeto sin vida. ¿Pero como puede no tener vida, si la palabra idea está dentro de su acepción?
Imposible. Y entonces comprendo que son ellos, los usuarios del rojo, los engreídos, quienes no comprenden la relevancia en el uso de la cosa, en el verdadero sentir de la cosa, y por tanto, no traspasan mis palabras.
sábado, 18 de mayo de 2013
El eterno encuentro postergado
Un día mi abuela me prestó libros. No había ocurrido antes pero tampoco llamó especialmente mi atención. Solo me interesó uno por su hermosa edición empastada, pero de todos modos estaba centrada en otras cuestiones, monetarias por ejemplo, que me hicieron aceptarlos a modo de cortesía, fingiendo un interés que desapareció en cuanto salí de su casa.
Ellos quedaron eternamente en mi estantería. Me mudé al norte y quedaron eternamente en Santiago. Viajé al tiempo y aproveché de buscarlos (esos y muchos otros, que las pocas maletas en el primer viaje me habían imposibilitado el traslado) para quedar nuevamente eternos en mi estantería.
Acumularon todo el polvo acumulable en otros dos años, hasta que en una clase de la universidad me hicieron leer a una francesa posmo bastante simpática. Me interesé, y mientras revisaba uno de sus ensayos leí una referencia a otra autora cuyo nombre me pareció de inmediato conocido, porque lo recordé en ese hermoso libro empastado que seguía acumulando tiempos.
Y entonces, no podía ser de otro modo, lo leí.
Era "La gata" de Colette.
domingo, 12 de mayo de 2013
La ventana de Orfeo
Lo vio por la maldita ventana encasillada en una leyenda casi demoníaca. Un vínculo irrompible conocido por toda la ciudad. Solo había subido la torre por curiosidad, y no estaba dispuesta a cumplir con una historia predeterminada. Él, sentado y disfrutando de la sombra del árbol más cercano, no había reparado en su presencia. Un libro lo mantenía suficientemente ocupado como para levantar la mirada y encontrarse con su destino. Tampoco reparó en la piedra que cayó con toda la brutalidad sobre su cabeza. El cuerpo desparramado. El libro desparramado. La ventana en silencio. Una joven bajando a toda velocidad. La mano aún tibia por el recuerdo. Pasos rápidos por el césped y miradas inseguras buscando curiosos. La mano no tiembla. Uno, dos, tres golpes certeros con la misma piedra. El lector muerto y la maldita ventana.
miércoles, 8 de mayo de 2013
De las librerías
Ayer leía un artículo sobre la idea de actualizar las librerías incorporando venta de digitales, códigos del cuadraditosacafototecuentotó, y las posibilidades de revisar comentarios sobre el producto en el lugar. Tales ideas afirmando que los pobres locales se ven afectados ya que la gente prefiere primero informarse de lo que le "tinca" para luego comprarlo a través de internet.
Claro, aquellos sofisticados planes van dirigidos de un mercado existente como el español, que tiene las posibilidades de digievolucionar en una materia que para nosotros es bastante desconocida.
Aún y así y pasando sin más esta relevante cuestión, me cuestiono igual tan increíble idea porque solo habla de las grandes cadenas de librerías, olvidándose de una importante cantidad de pequeñas y esforzadas que buscan ese hermoso ambiente acogedor y familiar, que reserva sus espacios para que los clientes puedan ir y descubrir títulos con confianza mientras hojean y consultan a sus vendedores (que sí saben del tema) y donde en definitiva, da gusto comprar. Creo entonces, que el problema de la no compra en el lugar físico no va por el tema digital, sino por la situación típica del comercio actual. No dan ganas de ir a comprar donde un robot solo sabe darte el precio de un producto, vendértelo y darte las gracias con el sagrado "vuelva pronto". Y no. Un código de mierda no es suficiente, que para eso todo el mundo anda con sus celulares de última generación donde fácilmente pueden buscar información del título.
Para la comedia, hay una librería en mi ciudad con tanto de librería, que los títulos están casi pegados a la pared y son intocables (solo les falta el cartel). Cada vez que paso solo la miro por fuera y con cierto asco, lo cual me da pena.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
