Qué gusto da ver una serie buena, buena, buena.
Nothing can go wrong.
Si bien todos saben de la serie por sus características animadas, esos efectos que ya no recuerdo el nombre pero que hacen que todo colorido resalte en esos rostros planos, no es lo que más atrae de la producción de Gonzo y el señor Maeda, que se atrevió con algo que siempre hay que trabajar con cuidado: las adaptaciones de clásicos literarios.
En este caso, ocurre que las críticas que tiene la serie en cuanto a trama, se basan sobretodo en el personaje de Albert, que cobra un mayor protagonismo que en la misma novela, y que más que servir, la vuelve pesada. Y es que claro, es un personaje inocentón que aún cree en la pureza de su clase y que se dará de bruces cuando se encuentre con todo el pastel que significa el tongo de la elite.
Pero no nos pasemos a ese rollo, que es profundo pero al que hay que meterle ciertas características previas para saber de qué estamos hablando cuando hablamos de la narración dentro de Gankutsuou.

El punto y que marca la diferencia es que en su lectura, su visionado, podemos encontrar dos posibilidades. Tenemos, en primer lugar, la lectura tipo Alberto. No sabemos nada, no conocemos la obra, y nos encontramos con una serie llena de suspenso, con una telaraña de relaciones que se ven extremadamente complicada y que no entenderemos hasta que veamos los retasos del pasado, que en la novela nos cuentan en una primera instancia, pero que como en este caso somos Alberto, sabremos y entenderemos todo en la medida que él lo vaya haciendo, sacando sus conclusiones y enterándose de lo que realmente sucede en su entorno. Por eso es que le cuesta, por eso es que no quiere asumirlo, porque no lo entiende, porque quien mira no tiene idea de nada, y es ese mismo proceso que vivirán en conjunto.
So tonight I'll sing a song to all my friends,
Also to those we won't be seeing again.
La segunda lectura, y que yo llamo la privilegiada, es la que contiene al lector de la novela original, que al ir viendo lo que ocurre en cada escena entiende todo. No le da mayor énfasis a aquello que está diferente, porque entiende la venganza, por qué debe vengarse de cada quien, y cada reacción de los personajes no le pasará desapercibido. Así tenemos por ejemplo el episodio donde son invitados los Villefort, Danglars y Morcef a la mansión del conde, con todo el asunto del hijo ilegítimo enterrado. No nos significan nada, ni siquiera Villefort explica que no está enterrado nadie, pero aparece el maldito cofre y solo tú, lector, te das cuenta de lo que eso significa, y ves los rostros de la mujer de Danglars y sus reacciones y las disfrutas, tanto o más que el propio ser que busca venganza.

Y antes de terminar, no puedo no referirme a los cambios duros que hay en relación a la novela, referidos claramente al final. El conde, a diferencia de la versión literaria, es consumido hasta las últimas por su venganza, una decisión interesante del director ya que a fin de cuentas luego de 1000 páginas te quedas muy tranquilo con que se va junto a la princesa, luego de salvar a Valentina y al Maxi, pero aquí vemos un final dramático con todas sus mayúsculas. Es cierto, la venganza se sirve mejor fría, pero las consecuencias vienen de todas maneras. Quizás eso es lo que no se mostró, cómo Montecristo va dando cuenta de las consecuencias de su plan, el cual dispara puñaladas hacia todos lados sin necesariamente tener objetivos consecuentes. Tal, se entiende que es porque prevalece el desarrollo de Alberto, Y ahí es donde cobra sentido el otro tremendo cambio que tiene la serie; la muerte del amigo, la cual no te molesta porque a fin de cuenta ambos son más bien secundarios dentro de la obra. Muy bien apreciado, y recalcando, no transforma nada, solo es otra manera de mostrar la historia de una venganza.
I was totally in love with you, I bathed in you,
Lost in you, captivated by you,
Amazed by you, dazed by you.